Lun. May 20th, 2024

Vitápolis, el proyecto ganador de los APE Grupo Architecture Awards, es una obra de arquitectura que habla de emociones y relaciones humanas. En una sociedad en la que una cuarta parte de la población ya supera los 65 años, es necesario crear espacios de vida que atiendan las nuevas necesidades vitales y funcionales de este grupo tan sensible e importante. Un gran reto que el estudio Romero & Vallejo quiso abordar a través de su arquitectura a partir de una experiencia personal.

Sus creadores, Sara Romero y Antonio Vallejo, muy sensibilizados por los aspectos sociales y sostenibles de los espacios que habitamos y nuestras ciudades, intercambiaron ideas, recogieron inquietudes y empatizaron con un gran grupo de séniors, entre los que se encontraban los futuros propietarios y cooperativistas de los apartamentos.

Vallejo nos explica que “queríamos dar respuesta a las personas en esa nueva etapa de su vida que pasan mucho tiempo solas y necesitan ayuda. El proyecto no era solo diseñar un espacio, si no canalizar las aspiraciones, los ideales, los anhelos y la forma de vida de las personas sénior en este cambio que está experimentado sus vidas”.

“Por nuestras experiencias familiares y por las conversaciones que mantuvimos, nos dimos cuenta de que el hilo conductor de nuestro nuevo proyecto era la convivencia y las relaciones humanas”, expresa con verdadera convicción Vallejo.  Éste ha sido el elemento fundamental y diferenciador en la concepción del espacio del programa y el esbozo de todo el proyecto.

Más allá de diseñar un grupo de viviendas accesibles, el estudio de arquitectura quiso construir “un entorno que recogiera las aspiraciones vitales de sus propietarios: lugares agradables para relacionarse, con espacios para aprender, cuidarse, compartir y estar atendidos, manteniendo al mismo tiempo su privacidad e independencia”, añade Vallejo.

Estos han sido los sólidos cimientos de este innovador proyecto social, Vitápolis, un complejo de viviendas (o coliving) en Toledo para séniors con servicios socio-asistenciales a la carta, formado por 35 apartamentos independientes y accesibles, con más de 1.500 metros dedicados a gimnasio, talleres, cafetería, salas de estar, jardines, piscinas, zonas deportivas y huertos urbanos.

“La cerámica forma parte de nuestro ADN”, apuntan los arquitectos.

El edificio en sí mismo representa un proyecto rotundo de arquitectura contemporánea; sin embargo, sus interiores son cálidos y habitables. La luz natural, muy importante para la salud y las emociones, queda garantizada en todos los espacios, pudiendo disfrutar de sus diferentes tonalidades a lo largo de día. “Necesitaban que les creáramos un hogar”, apunta Sara Romero, quien añade que buscaban diseñar “espacios amables, cálidos y con memoria”.

Así es como decidieron utilizar diferentes materiales cerámicos en varios espacios del edificio en convivencia con otros materiales. La cerámica, además de sus altas prestaciones y su belleza, “forma parte de nuestra memoria, de nuestro ADN, que nos permite crear arquitectura con calidad humana”, apunta Sara Romero. “Desde el punto de vista de las emociones y los recuerdos, todos hemos crecido en algún momento de nuestra vida en espacios con cerámica”, añade la arquitecta. La cerámica es tradición y contemporaneidad, al igual que este edificio.

El edificación es una pieza longitudinal con cinco niveles. En la planta baja se ubican las zonas comunes como la cafetería, recepción, gimnasio, salas de reuniones, entre otros, plenamente integrada en el contexto urbano, con acceso a los diferentes espacios limítrofes. En las plantas superiores los corredores de acceso a las viviendas se transforman en espacios de encuentro gracias a la colocación de bancos, jardines y miradores que rodean todo el edificio. La misma cubierta conforma una gran terraza con una panorámica de 360 grados sobre el entorno con una piscina infinity de uso exclusivo para residentes, amigos y familiares.

Un verdadero ejercicio de conciliación de varias disciplinas

Para los arquitectos ha sido un gran reto y un ejercicio muy enriquecedor el poder conciliar a través de la arquitectura las diversas disciplinas que han intervenido en Vitápolis: médicos, sociólogos, especialistas en materia asistencial, juristas y economistas, entre otros.

El edificio ha obtenido la más alta calificación energética ya que han incorporado elementos activos y pasivos de eficiencia. Pero lo más importante es que Vitápolis es sensible a los retos sociales y medioambientales a nivel holístico. “El proyecto hace ciudad, mantiene los vínculos personales en su propio lugar de residencia, crea puestos de trabajo. Es un kilómetro cero que ayuda a la cohesión y está pensado para hacer ciudad”, nos apunta Sara Romero.

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Por Luis Fernando Prieto

Periodista especializado en empresas y movilidad.

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