Dom. Jul 14th, 2024

Entrevista con Luis Claver, country manager de B.E.G Hispania

El acelerado crecimiento de la población, principalmente en núcleos urbanos, es hoy en día una preocupación, pues es cierto que se va a requerir de una mayor energía para mantener el estilo de vida moderna actual. Es, en este punto, en el que la eficiencia energética es indispensable para mantener los recursos.

Ante este contexto, y para ser eficientes, será necesario transformar los edificios convencionales en inteligentes, como uno de los pilares fundamentales de las Smart Cities. A través de ellos, las ciudades podrán realizar actividades, procesos complejos y gestionar la energía de forma más sencilla.

En este sentido, la tecnología se ha convertido en una gran aliada en la búsqueda de soluciones que reduzcan el consumo energético, dando como resultado edificios inteligentes. Las ventajas de convertir un edificio son tantas que el número de smart building alcanzará los 115 millones en 2026, tal y como apunta Juniper Research.

En nuestro país se está produciendo un incremento considerable en la adopción de tecnologías relacionadas con edificios inteligentes, aunque aún falta mucho camino por recorrer. Hoy en día, en España encontramos 2.155 edificios sostenibles, certificados por Breeam, certificación de la sostenibilidad en la construcción de referencia. Casi dos tercios de estos proyectos se concentran en las principales ciudades españolas.

Hoy en día existen muchas tecnologías que ayudan a la reducción en el uso de energía. Podemos encontrar calderas más eficientes, energías renovables, iluminación LED, entre otras. Sin embargo, el avance tecnológico nos permite adoptar estrategias de mayor beneficio ambiental y, sobre todo, económico.

Estas tecnologías, eficiente e inteligentes, han acabado con el paradigma existente entre confort y consumo energético, permitiendo un menor consumo de energía, sin que se pierda un ápice de confort. Así, es posible afirmar que conseguir un estilo de vía sostenible se ha convertido en una prioridad.

Es una realidad que las personas prefieren la luz natural a la artificial para realizar distintas actividades. Para estas funciones, es necesario controlar la luz natural, principalmente mediante el apantallamiento solar, la dosificación y el redireccionamiento de la misma, con el objetivo de hacerla útil para iluminar entornos de trabajo y de la vida.

Incluso cuando se iluminan edificios de la mejor manera posible con luz natural, es imposible obviar la luz artificial, que va a servir para complementarla o reemplazarla.

El hecho de compaginar, e incluso complementar, el alumbrado natural con artificial y armonizar ambos, tiene solución. Hoy en día, mediante la utilización de sistemas de control del alumbrado artificial en respuesta a la aportación de luz natural, ésta se emplea para conseguir una reducción del consumo eléctrico y, por tanto, un ahorro sustancial de energía.

El Código Técnico de la Edificación, en su sección HE-3, hace obligatoria la instalación y uso de sistemas de control y regulación del alumbrado artificial en aquellas zonas en las que la luz natural así lo permita. Por esta razón, lo que antes era de elección libre al mejor criterio del diseñador del alumbrado, ahora es una necesidad impuesta.

Además de regular la iluminación artificial, es posible encender y apagar la iluminación y el HVAC (calor, ventilación y aire acondicionado, por sus siglas en inglés) en función de la presencia de personas en un espacio o no. Ambas medidas pueden llevarse a cabo de forma separada o combinada.

Este sistema, también denominado control de ausencia, funciona a través de un sensor de presencia que confirma la ocupación del espacio para mantener la iluminación. De esta forma, hay dos opciones programables mediante la configuración del sistema, el sistema que enciende la iluminación cuando detecta presencia de manera automática o cuando el usuario enciende las luces y el sensor garantiza que se apagarán cuando no haya nadie en el lugar. Esto convierte a este método en el más efectivo y eficiente a la hora de limitar el uso innecesario de electricidad para la iluminación.

Uno de los objetivos marcados es conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles (Objetivo 11).

Más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas. En 2050, esa cifra habrá aumentado a 6.500 millones de personas, dos tercios de la humanidad. Pero no es posible lograr un desarrollo sostenible sin transformar radicalmente la forma en la que construimos y administramos los espacios urbanos.

Por ello, en este momento de profunda transición, en el que están cambiando los modo de vida, de trabajo y de relacionarnos, es importante diseñar y ejecutar edificios con criterios de salud y bienestar para sus ocupantes, sea cual sea su uso.

El sector de la edificación, como responsable del desarrollo del hábitat que ocupamos, juega un papel fundamental en la protección de nuestra salud, pero también tiene mucho que hacer para favorecerla y mejorarla.

Para pasar de ser un edificio convencional a ser inteligente, la base está en la digitalización y la automatización de los sistemas que configuran un edificio.

La digitalización abarca aquellas tecnologías que recopilan y analizan datos sobre el consumo energético, mientras que la automatización es la implementación de soluciones tecnológicas para optimizar el uso de energía.

Ambos factores están modificando la forma en la que las empresas compran y utilizan la energía. Al implementar soluciones de automatización y sistemas de gestión de energía, las organizaciones pueden reducir sus costes, mejorar la eficiencia energética y reducir su huella de carbono.

Una gestión energética inteligente es una estrategia que combina digitalización y automatización con la gestión de energía, permitiendo a las empresas tomar decisiones informadas sobre la optimización del uso de energía y mejorar la sostenibilidad a largo plazo.

Desde hace unos años vemos un incremento en adoptar medidas de eficiencia energética. Son los propios clientes los primeros interesados en conocer los aspectos sobre la sostenibilidad de sus edificaciones o viviendas, lo que ha dado lugar a seguir una tendencia por las construcciones sostenibles y se ha producido un importante incremento en la demanda en este segmento.

Los inversores buscan preservar el valor de sus inmuebles y hacerlos más sostenibles, ya que gracias a las reformas y mejoras, en cuanto a eficiencia energética, pueden revalorizar hasta en un 10% los activos.

Las oficinas son cada vez más flexibles y buscan crear espacios inteligentes, siendo pioneras en este desarrollo.

Por otro lado, el sector logístico es también otro de las principales áreas industriales que está buscando ese ahorro en consumo lumínico y de climatización.

A esta tendencia también se suman los hoteles, que opera durante todo el día, con una intensidad energética de 293 kwh/m2 y si lo comparamos con una oficina son 181 kwh/m2. En una oficina tenemos un usuario final que alquila un espacio durante periodos de 5 años, en cambio en un hotel tenemos un usuario final que alquila una habitación durante 2 días. Esto ha hecho que decisiones de los usuarios finales sean más diligentes con sus elecciones.

Recientemente el Gobierno de España aprobó los Certificados de Ahorro Energéticos, también conocidos como CAEs. Estos permiten obtener una subvención destinada a la automatización y control de edificios dedicados al sector terciario, tales como hoteles, hospitales, centros comerciales, culturales u oficinas, entre otros.

Además, se diseñaron para reducir los tiempos administrativos, pues todo aquello que tiene que ver con la excesiva burocracia, hace que se ralenticen las concesiones de fondos y se alarguen los tiempos de ejecución.

Para su concesión, hay una serie de requisitos demandados, basados en los niveles de ahorro logrados a partir de la automatización de sistemas, como iluminación, calefacción o refrigeración. De esta forma, los CAEs son uno de los principales alicientes de usuarios y propiedad para mejorar la sostenibilidad de los edificios. Y es que, a través de los Certificados de Ahorro Energético, este tipo de edificaciones pueden obtener determinados beneficios como la monetización de los ahorros energéticos, la flexibilización del cumplimiento de las obligaciones de ahorro de energía y el logro de esos ahorros al menor coste posible. Para ello, se recomienda contemplar objetivos medibles y recurrir a indicadores de rendimiento energético.

Por Mayte Rodríguez López

Periodista especializada en movilidad y transporte público.

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