Mié. Dic 7th, 2022

La búsqueda de la eficiencia energética con el objetivo de lograr el menor gasto posible es una carrera a la que tanto particulares como empresas se han sumado, más allá de las medidas impuestas por los gobiernos. Pero no solo el ahorro es la causa principal, sino también la necesidad de encontrar un consumo lo más sostenible posible con el medio ambiente. Con todo este frenetismo que necesita de soluciones, el mundo de la construcción ha evolucionado rápidamente en los últimos años en la denominada arquitectura bioclimática, tendencia que aúna ahorro con sostenibilidad, dos términos que en realidad siempre han ido de la mano.

Estas construcciones, en constante evolución, pueden lograr economizar porcentajes que nos pueden parecer inimaginables en el consumo energético: entre el 60% y el 100%, según apunta el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT). Estos porcentajes tan altos son posibles en España gracias a las condiciones privilegiadas de nuestro territorio, con un amplio número de días soleados y horas de luz, además de las diversas fuentes de agua.

Estas construcciones, aunque su nombre nos suene recientemente más familiar, se llevan estudiando en el plano urbanístico desde hace más de una década. El nombre que reciben estos hogares son “casas pasivas”, por beneficiarse de forma pasiva del entorno para generar la energía y permitir ser habitables.

Las claves de un hogar bioclimático

Desde Ribera del Calderón, expertos en nuevos tipos de construcciones, explican qué aspectos debemos tener en cuenta a la hora de crear un espacio sostenible. En primer lugar, una casa pasiva o bioclimática no es solo una construcción con sistemas específicos o formas de obtener energía renovables, sino que comienza desde antes incluso de la construcción. La orientación y diseño previo de la vivienda son dos aspectos claves y principales que marcarán si nuestro hogar es realmente sostenible y económico.

Es importantísimo el aprovechamiento e integración del entorno al máximo, como si de ello dependiera nuestra casa. Los elementos naturales deben poder ser utilizados en nuestro beneficio, siempre de forma ecológica. Sorprendentemente, los materiales que normalmente se utilizan son los más ecológicos, como la madera o el hormigón.

Pero empezando desde la planificación, un detalle que marcará la gran diferencia en el consumo energético es la disposición de la casa, siendo necesaria una perfecta orientación sur para aprovechar el sol de este a oeste de cara a los meses de invierno, en los que más energía se consume.

Respecto a la edificación, una vivienda debe pesar, alejándose de los pesos ligeros. Esto condiciona la retención de la temperatura dentro del hogar. Si no queremos que en verano nuestra casa sea un hervidero, hay que tenerlo muy en cuenta. Además, la arquitectura interna no solo debe prestar atención a nuestros gustos personales, pues un buen equilibrio de los sistemas de ventilación internos es necesario para todos los meses del año.

Por último, siendo el tema que más preocupa a nivel mundial, un buen sistema de reutilización de agua nos rebajará la factura, y aún más importante, estaremos contribuyendo a reducir el uso de un bien que cada vez es más escaso que común.

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Por Luis Fernando Prieto

Periodista especializado en empresas y movilidad.

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