Mar. Ago 9th, 2022

El suelo es la base de la vida, tanto humana como de numerosas especies de plantas y animales. Regula y controla el medio ambiente. Sin embargo, está sufriendo cada día las consecuencias del cambio climático. Aunque el ser humano es el primer interesado en su conservación, la actividad humana también está provocando grandes cambios en el suelo. Por lo tanto, es necesario preservarlo y evitar los mayores daños posibles.

Es por ello por lo que existe el Día Internacional de la Conservación del Suelo, que se celebra el 7 de julio con la finalidad de concienciar sobre la necesidad de conservarlo. Cada año, se reflexiona sobre la importancia del suelo para la biosfera y los peligros que lo amenazan. Este día se marcó en el calendario en 1963 y se celebra en memoria del científico Dr. Hug Hammond Bennet, quien se dedicó a investigar la relación de la calidad de la tierra y su capacidad productiva. “El suelo productivo es el fundamento de la agricultura perdurable sin la cual no puede haber prosperidad ni progreso”, defendía el científico.

El principal problema que provoca este daño en el suelo es el fenómeno de la desertificación, que consiste en una degradación en la que el suelo fértil pierde su potencial productivo. Sus causas se basan en la deforestación y el mal uso del suelo y la mecanización. Es decir, actividades como la tala o el uso de fertilizantes artificiales provocan un gran empobrecimiento del suelo. En conclusión, los mayores daños los realiza el ser humano.

Poco a poco, la sociedad está cada vez más concienciada sobre la importancia de cuidar y proteger el planeta. Sin embargo, las organizaciones ecológicas siguen solicitando unas medidas más radicales y efectivas. A nivel europeo existe la PAC (Política Agraria Común) que nació en 1962 con el objetivo de generar productividad del suelo. Además, la Agenda 2000 supuso una gran concienciación sobre el cambio climático. Sin embargo, las  organizaciones siguen luchando ya que, dicen, los cambios no son suficientes para frenar la degradación del suelo.

Empresas como Ribera del Calderón sí están aportando su grano de arena en esta lucha contra el cambio climático. La constructora está llevando a cabo un proyecto totalmente sostenible, apostando por la eficiencia energética. En cuanto al suelo, cuenta con un total de 73.000 m2 de zonas verdes con el objetivo de convertirse en el pulmón madrileño. Se han empleado una gran variedad de especies con el fin de conseguir una correcta adaptación al cuelo, dañándolo lo menos posible.

Además, la carretera M30 quedará cubierta por un manto verde de vegetación, fomentando la conexión natural entre el río y las zonas verdes. Un proyecto basado en el respeto por el planeta con materiales eficientes y un consumo de energía casi nulo. Una gran zona verde considerado con el medio ambiente que además cuenta con 1312 viviendas sostenibles.

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Por Luis Fernando Prieto

Periodista especializado en empresas y movilidad.

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