Vie. Dic 9th, 2022

La mitad del consumo anual de helados en España tiene lugar durante los meses de junio, julio y agosto. Los españoles consumieron 149 millones de litros de helado entre junio de 2020 y mayo de 2021, un 4 % más que en el mismo período del año anterior. Este producto es para muchas personas una opción idónea para refrescarse en los momentos de calor, pero como apunta la profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, Mariona Balfegó, un consumo habitual de helados ultraprocesados no es la elección más saludable para hidratar el cuerpo. Además, contrariamente a lo que pueda pensarse, sus elevados niveles de azúcar incrementan la sed en lugar de quitarla.

«Los helados de agua y los helados a base de leche o nata tienen un alto contenido de azúcares (sacarosa, glucosa, etc.), que representa como mínimo un 20 % o un 30 % de su peso total. Dos bolas de helado pequeñas o un polo de hielo contienen unos 25 gramos de azúcar, el equivalente a cuatro cucharadas de postre de azúcar», explica Balfegó, también dietista y experta del máster de Nutrición y Salud de la UOC. Cabe recordar que los 25 gramos de azúcar que aporta normalmente una ración de helado representan la cantidad máxima de ingesta diaria de azúcares aconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en adultos y niños. Además, un estudio de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), publicado este año, concluye que el consumo de azúcares añadidos y de azúcares libres debe ser lo más bajo posible como parte de una dieta adecuada desde el punto de vista nutricional.

En este sentido, tanto Balfegó como Montserrat Rabassa, también profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, recomiendan en el marco de una dieta saludable como la mediterránea y la gran mayoría de las guías alimentarias actuales, reducir al máximo el consumo de este tipo de azúcares que pueden encontrarse en productos como los helados ultraprocesados, entre otros.

Helados y diabetes, ¿compatibles?

Expertos del Centro para la Innovación de la Diabetes Infantil del Hospital Sant Joan de Déu (CIDI) apuntan que tanto los adultos como los niños con diabetes tipo 1 pueden comer helados en verano, pero es importante que tengan en cuenta el tipo y los componentes del producto. Siempre que sea posible aconsejan leer la etiqueta nutricional para saber qué componentes tiene y qué tipo de edulcorante utiliza. Sin embargo, remarcan que los helados caseros o artesanales son los más recomendables, ya que normalmente contienen alimentos de calidad y se tiene en cuenta la cantidad de azúcar durante su elaboración.

Las expertas de la UOC, en la misma línea, señalan la importancia de saber escoger bien el tipo de helado, por sus efectos en los niveles de glucosa en la sangre, en función de si sube de forma más o menos rápida. «Los azúcares, las grasas y los aditivos que incorporan también pueden contribuir al aumento de peso corporal, de la glucosa en sangre o del riesgo de sufrir enfermedades del corazón. En este sentido, hay que tener en cuenta la aportación de azúcares y grasas saturadas de los helados, así como el rápido incremento de los niveles de glucemia e insulina en la sangre», explica Balfegó.

Según Rabassa, hay que tener presente que el cuerpo no responde de la misma forma al consumir un helado de hielo —que está hecho básicamente de agua, azúcares y colorantes— que cuando consume un helado a base de leche o nata. «En el caso del helado de hielo, el azúcar sube más rápidamente en la sangre. En cambio, con el helado de leche este proceso no es tan rápido: la absorción de los azúcares es más lenta debido a la composición nutricional (proteínas, grasas, etc., que provienen principalmente de la leche)», aclara.

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Por Luis Fernando Prieto

Periodista especializado en empresas y movilidad.

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