Dom. Oct 24th, 2021

Algunas promotoras ya incluyen en sus proyectos zonas comunitarias o individuales destinadas a la separación de los residuos de los vecinos, y algunas localidades obligan a instalar este tipo de espacios

La evolución en la gestión de los residuos está transformando el paisaje de las calles, las costumbres domésticas y también la fisonomía de las viviendas y las comunidades de vecinos. En esta etapa de adaptación a las normas europeas en materia de tratamiento, algunas promotoras están apostando ya para sus nuevas viviendas por sistemas de recogida de residuos y zonas de reciclaje comunitarias.

Los municipios españoles están llegando tarde, en muchos casos, al cumplimiento de las directivas europeas en materia de recogida y tratamiento de residuos, que apuntan a la obligatoriedad de la recogida selectiva de la fracción resto (aquellos residuos que van al contenedor gris) en las localidades de más de 100.000 habitantes y apuestan por el reciclaje y el compostaje.

En una etapa en la que las mancomunidades de recogida de residuos están aún renovando sus instalaciones para adaptarse, tarde en muchos casos, a las normas comunitarias, también a nivel municipal los cambios se dejan ver en el paisaje urbano y en la relación de los vecinos con los residuos que generan.

Las localidades más avanzadas en este sentido ya llevan años contando en sus calles con contenedores diferenciados para la materia orgánica, compostable, y la fracción resto; otras, acaban de dar el paso, o se disponen a ello. Y las que se encuentran aún más a la vanguardia apuestan desde hace años por la recogida puerta a puerta de los residuos orgánicos.

Pocas personas ponen en duda la necesidad de fomentar el reciclaje en un momento en el que el cambio climático es ya una realidad. Aunque no es menos cierto que la necesaria apuesta por el reciclaje conlleva también un esfuerzo, y sobre todo espacio. Envases, materia orgánica, papel y cartón, vidrio, ropa, pilas… A medida que aumenta el compromiso y los materiales a separar, lo hace también el espacio que se destina en las viviendas a los residuos.

En este escenario, algunas promotoras han empezado a incluir en sus proyectos zonas destinadas al depósito diferenciado de los residuos de los vecinos, tanto individuales como comunitarias, y algunas localidades obligan ya en las nuevas promociones con un número mínimo de viviendas a instalar en las comunidades espacios para la separación de residuos.

Un punto limpio en la comunidad

Es el caso del Ayuntamiento de Fuengirola (Málaga), que desde hace años obliga en su Plan General de Ordenación Urbana a incluir islas de contenedores soterrados en las nuevas promociones de más de 15 viviendas en las que el espacio así lo permita.

Algunas promotoras ya están generalizando la inclusión de zonas de reciclaje en sus promociones, ya se trate de viviendas unifamiliares o pisos situados en comunidades con zonas exteriores.

Las que más están apostando por este modelo, en vista de las nuevas necesidades de los vecinos y las que están por venir a medida que avance el actual proceso de adaptación, ofrecen en sus promociones de viviendas unifamiliares contenedores de reciclaje en cada inmueble y otras comunitarias para el depósito de aceite vegetal, pilas y ropa usada. En sus nuevas promociones de pisos incluyen también zonas para el depósito por separado de estos residuos.

Puerta a puerta, el más eficiente

El cambio en los modos de vida no ha hecho más que comenzar, y la generalización de ciertos hábitos se extenderá aún más en el futuro. En algunos municipios, desde hace años se viene realizando el que se considera el método más eficaz para la separación de residuos, la recogida puerta a puerta, con la necesidad de espacio que supone para las comunidades de vecinos.

En la recogida puerta a puerta, el servicio municipal de recogida de residuos retira de la puerta de cada vivienda, comunidad de vecinos o comercio los residuos de cada tipo de fracción, los días de la semana y a las horas establecidas. En algunos casos la recogida se limita a la materia orgánica y la fracción resto; en otros incluye también envases o papel y cartón.

En la práctica, este sistema libera de contenedores las calles, pero obliga a las comunidades de vecinos a disponer de un espacio para el almacenaje de los residuos de los vecinos. De extenderse este método de recogida, por el que apuestan las asociaciones ecologistas, las promotoras tendrán una razón más para volcarse en el diseño de espacios en sus proyectos destinados a la separación de residuos.

Por Mayte Rodríguez López

Periodista especializada en movilidad y transporte público.

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